Aquellos que tras haber ingerido unos polvos de efectos casi mágicos, se creen libres de todo, en plena gratuidad, salidos quizá de este mundo, siguen todavía encarrilados. Están sometidos a algo.
Espectáculos tan prodigiosos que no tienen parangón, según creen ellos, pertenecen curiosamente a la misma familia. Elementos parecidos, sobre los que solo han podido ejercer modulaciones.
Esos liberados son prisioneros.
Existe una banalidad del mundo visionario.
Obligatoriamente han tenido que pasar por la visión de figuras sorprendente, incesantemente cambiantes, que cada droga proporciona con sus caracteres propios.
Por fantástico que parezca (una vez superadas las formas geométricas, los colores contrarios y calidoscópicos), el desfile visionario, en si mismo tributario, acampaña, dobla y traduce el desfile sensacionario.
El paso vertiginoso de las imágenes sin relación aparente ni entre ellas ni con la personalidad, ese maravillarse, presenta sobre todo, bajo una forma que cortocircuita la conciencia, rápidas, incesantes, visualizadas inmediatamente, las desapariciones y sustracciones parcelarias del sentido, las pérdidas de la conciencia espacial del cuerpo. Sin comprender nada, o casi nada, el sujeto asiste a todo ello atónito, emocionado, maravillado o angustiado.
Espectáculos tan prodigiosos que no tienen parangón, según creen ellos, pertenecen curiosamente a la misma familia. Elementos parecidos, sobre los que solo han podido ejercer modulaciones.
Esos liberados son prisioneros.
Existe una banalidad del mundo visionario.
Obligatoriamente han tenido que pasar por la visión de figuras sorprendente, incesantemente cambiantes, que cada droga proporciona con sus caracteres propios.
Por fantástico que parezca (una vez superadas las formas geométricas, los colores contrarios y calidoscópicos), el desfile visionario, en si mismo tributario, acampaña, dobla y traduce el desfile sensacionario.
El paso vertiginoso de las imágenes sin relación aparente ni entre ellas ni con la personalidad, ese maravillarse, presenta sobre todo, bajo una forma que cortocircuita la conciencia, rápidas, incesantes, visualizadas inmediatamente, las desapariciones y sustracciones parcelarias del sentido, las pérdidas de la conciencia espacial del cuerpo. Sin comprender nada, o casi nada, el sujeto asiste a todo ello atónito, emocionado, maravillado o angustiado.
